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20 de Julio del 2017

Lorenzo Pilatos

Al actual presidente del INE, Lorenzo Córdova, le quedaron muy grandes los zapatos de sus antecesores
Lorenzo Córdoba trae una pesada cruz a cuestas: la de convertirse en el sepulturero de Instituto Nacional Electoral (INE). El muy desaseado manejo postelectoral de los recientes casos de Coahuila y el Estado de México solo viene a reflejar que al actual presidente del INE le quedaron muy grandes los zapatos de José Woldenberg e incluso los de Luis Carlos Ugalde. Porque la figura final que se fijó el martes pasado en el inconsciente colectivo nacional fue que los consejeros del INE se fueron a vacacionar sin resolver de fondo las denuncias de excesos de gastos en los topes de campaña, en concreto del disputado estado de Coahuila. Será al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación al que le corresponda en definitiva decidir si los excesivos gastos reportados en la contienda coahuilense justifican la anulación de la elección, en la que se alzó victorioso el priista Miguel Riquelme. El asunto no radica simplemente en la decisión final sobre la anulación,sino en todo el manoseo de dictámenes que Lorenzo Córdova y los consejeros electorales hicieron sobre lo que debía o no considerarse gasto de campaña. Y el presidente del INE acabó atrapado entre las exigencias muy entendibles, pero al final del día muy particulares y personales, de los dirigentes nacionales del PAN y del PRI que buscaban a cualquier precio sacar adelante su postura. Para el panista Ricardo Anaya, cuyo partido dio un pobre espectáculo con el cuarto lugar en el Estado de México, la anulación de la elección de Coahuila es vital para consolidar sus aspiraciones a convertirse en el indiscutible candidato del PAN a la presidencia en 2018. Anulada la elección, aunque la nueva contienda ya no fuera en sus tiempos de presidente, le daría a Anaya el handicap necesario, con los excelentes resultados obtenidos en los procesos electorales del 2016, para adueñarse sin problemas de la candidatura. Para el priista Enrique Ochoa, quien -haiga sido como haiga sido- acabó rindiendo buenas cuentas en el Estado de México, la ratificación del triunfo de su partido en Coahuila le daría más que suficiente espacio para maniobrar en la ya inminente asamblea general del PRI del próximo 12 de agosto. Sin duda Lorenzo Córdova fue incapaz de aislarse de las presiones y acabó como Pilatos, lavándose las manos,  en lo que ya se vislumbra como uno de los más debatidos  fallos electorales desde que se crearon las nuevas estructuras calificadoras de las elecciones en México. Tan censurable fue la conducta de los consejeros del INE  que inclusoel icónico Cuauhtémoc Cárdenas, un hombre nada afecto al conflicto frontal, salió ya a solicitar la remoción y renovación de los cuadros del INE. No lucen confiables frente a la disputa electoral que se avecina en la presidencial del 2018, dice el hijo de Tata Lázaro. Y hay que admitirlo, el Ingeniero no es priista ni panista, y podría guardar sensato silencio. Pero estadista como lo es, se preocupa porque sabe que dejar pasar tan pésimo antecedente es un muy mal augurio en un instituto que tanto costó crear, fortalecer y dotarlo de credibilidad. Por lo pronto los consejeros electorales, con Lorenzo Córdoba al frente, ya disfrutan en traje de baño de sus nada merecidas vacaciones, mientras la papa caliente que crearon, se intentará enfriar –con mucha dificultad- en el Tribunal Electoral.