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¿Líderes o piñatas 2018?

¿Podremos en México escapar en la próxima elección presidencial 2018 del maleficio de los líderes políticos en el mundo?
Un exchofer de transporte urbano, instalado como dictador por obra y gracia de su antecesor, tiene en guerra civil a Venezuela. Un presidente, una presidenta depuesta y su interino en funciones, están contra la pared acusados de recibir sobornos de constructoras en Brasil. Dos expresidentes y la cónyuge de uno de ellos, sentenciados por recibir sobornos de una constructora brasileña. Y el actual presidente va por el mismo camino en Perú. Un general que sería la esperanza de gobierno para su país es encarcelado por evasión de impuestos aduaneros en Guatemala. Los dos últimos presidentes de El Salvador, condenados por la Suprema Corte por enriquecimiento ilícito y actos de corrupción. A nivel global, un dictador de 34 años, heredero de una nefasta dinastía, amenaza al mundo con sus juegos de guerra y una conflagración nuclear desde Corea del Norte. Y en Estados Unidos se vive el peor gobierno de su historia moderna, al entronizar a un empresario ególatra, megalómano y mitómano, cuestionado él y su familia por sus relaciones peligrosas con el enemigo histórico, Rusia. ¿Qué pasa con los liderazgos políticos en todo el mundo? ¿Dónde están los Reagan, las Thatcher, la trilogía israelí de Menahem Begin, Anwar Sadat y Shimon Peres, los Gandhi, los Chirac, los Mandela, los Walesa o los Felipe González, que inspiraron a las generaciones de los 70 a los 90 a buscar un mundo  mejor? Hoy el liderazgo global descansa apenas en un puñado de hombres y mujeres. El de la alemana Merkel, el ruso Putin, el novel francésMacron o el también joven canadiense Trudeau. Y desde la iglesia católica, el Papa Francisco busca recuperar el báculo de Juan Pablo II, que se perdió en la oscura Era Ratzinger. Lo que ocurrió es que los liderazgos se desgastaron,  producto de dos factores: la emergencia de las nuevas tecnologías y una sobre acumulación de la riqueza. Analicemos. Hasta antes de las redes sociales, el control mediático solía estar en los periódicos, la radio y la televisión, que en su mayoría eran manejados por Ciudadanos Kane, socios  del poder político y económico establecido. Los defectos de los líderes eran minimizados y las virtudes exaltadas por un aparato publicitario-financiero que gestaba –justa o injustamente- leyendas idolatradas en vida como Kennedy, Churchill, DeGaulle, Mao, Krushev, Perón o Franco. Y las redes sociales vinieron a desacralizar esos liderazgos y sometieron al debate y al escrutinio salvaje cada una de sus acciones de gobierno. Y los líderes se convirtieron en la piñata del descontento social. Pero mucha de esa metamorfosis fue aceitada por el aparato financiero de las élites, que a lo largo de las últimas tres décadasconcentraron de manera indignante la riqueza de las naciones. En Davos se dio la voz de alerta. El desequilibrio que impone el uno por ciento de la población excesivamente acaudalada en un planeta cada vez más miserable, altera, incide, instala en el poder y acaba por fabricar o por corromper esos liderazgos. Donald Trump es el prototipo más puro de esa metamorfosis que instala hoy en el poder no a los mejores hombres, sino a los mejor conectados o que mas fácilmente aceptan ser los títeres de aquellos personajes que temen perder sus fabulosas riquezas. ¿Podremos en México escapar en la próxima elección presidencial 2018de ese maleficio global? O desde ahora evaluamos quién es el que mejor se acomoda a los intereses de aquellos que desde hace cuatro décadas vienen escriturándose a sí mismos la riqueza nacional, petróleo por delante.