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13 de Diciembre del 2017

Leer a los indecisos

Lo que en el fondo se debe analizar en los incipientes sondeos es en donde está el nivel de indecisos, esos votantes que avanzadas las campañas se deciden
Cuando se trata de interpretar las muy tempranas encuestas rumbo a la elección presidencial del 2018, sobran los analistas superficiales que concluyen solo lo que sus ojos y patrocinadores quieren ver. Una de las mas socorridas es la de decir que Andrés Manuel López Obrador ya alcanzó el techo de sus preferencias. Que mas allá de un 30 o 32 por ciento ya no crece. Que ya se estancó. Y dentro de esos simplismos, advierten también que la apenas concretada coalición Por México al Frente, con Ricardo Anaya como virtual candidato, ya ocupa el segundo sitio, con 18 puntos en las preferencias, 12 puntos abajo de Morena. Para cerrar, esos mismos analistas explican que el priista José Antonio Meade va en tercer lugar, con 16 puntos,  dos menos que la coalición PAN-PRD-MC. De los llamados “independientes” ni qué decir. Todavía no existe la certeza en ninguno de que vayan a alcanzar las 866 mil firmas, en los 17 diferentes estados que se les exige. ¿Cómo se les puede medir hoy si no existen? Lo que en el fondo se debe analizar en los incipientes sondeos es en donde está el nivel de indecisos, esos potenciales votantes que avanzadas las campañas o incluso un día antes de la elección, se deciden o no por un partido o candidato. Y por lo que se ve, ese nivel ronda casi el 34 por ciento y tendrá que irse convenciendo, a partir de febrero, cuál podría ser su destino: elegir a uno o abstenerse. Para eso tendrán que ir evaluando las propuestas de los candidatos y los perfiles de aquellos quienes los rodean. Porque al final del día, si el voto los favorece, ellos serán los integrantes de su gabinete. Decir que López Obrador está topado, es asumir la increíble hipótesis de que del 34 por ciento de indecisos, ninguno votará por él el próximo 2 de junio. Si se le da la misma proporción que las preferencias que hoy registra, su techo se podría irse a 46. Ya confirmado Ricardo Anaya en Por México al Frente, deberá verse qué efecto tiene para arrastrar indecisos cuando no sabían si sería el panista o Miguel Ángel Mancera el candidato. En la misma proporción que las actuales preferencias, se iría a 27.5 por ciento. Y si José Antonio Meade, el menos placeado, el mas desconocido, el menos político, el nuevo chico del vecindario, está obligado a trabajar el doble para elevar ese disminuido voto duro del rechazado PRI. Bajo la proporción actual, capturaría 8.5 entre los indecisos, para alcanzar 24.5 por ciento. Pero lo anterior no dejan de ser simples especulaciones matemáticas, que con facilidad se desplomarán cuando venga la contienda, las propuestas, los debates y por supuesto la sucia guerra mediática. Cuando cada cual se eleve o caiga por su propio peso, por sus declaraciones acertadas o fuera de lugar, por sus alianzas de grupo o personales, las gratas y las non-gratas. Insistir hoy en encumbrar a uno o descalificar a otro es ocioso. Los cinco meses y medio que anteceden desde hoy al día de la elección son demasiados días en los que todo se puede reescribir. Las encuestas de la última elección en los Estados Unidos ubicaban a Hillary Clinton como la imbatible demócrata frente al ególatra republicano de Donald Trump. Nadie acertó.