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20 de Diciembre del 2017

La hora de Peña

Esta es la primera ocasión en que un funcionario priista admite públicamente que desvía dineros públicos par las campañas del PRI
La disputa política en el Olimpo mexicano se está saliendo de control. Y aquellos que se creen míticos dioses despliegan sus mas despiadadas armas buscando ganar la batalla final. Pero esta lucha si amenaza con ser mortal para el régimen. El choque de titanes se asoma en la revelación hecha a través del diario Reforma de que quien fuera el secretario de Hacienda del gobierno del chihuahuense César Duarte, admitió triangular 250 millones de pesos de las arcas públicas de esa entidad a campañas del PRI. Declarando como testigo protegido, Jaime Herrera, el financiero del ex gobernador de Chihuahua, dice que los gobiernos de César Duarte, Javier Duarte y Egidio Torre –Chihuahua, Veracruz y Tamaulipas- pactaron con el PRI nacional la triangulación de recursos federales. El testimonio dice que fue en los días en que Manlio Fabio Beltrones fue el presidente del PRI y señaló a Alejandro Gutiérrez Guitérrez, entonces secretario del CEN del partido, como el operador de esas transferencias. Esta es la primera ocasión en que un funcionario priista admite públicamente que desvía dineros públicos par las campañas del PRI. Y en este caso los damnificados -directos o indirectos- pretenden ser Luis Videgaray, Manlio Fabio Beltrones, marginalmente José Antonio Meade y sin duda el mas vulnerable de todos, el presidente Enrique Peña Nieto. Y es aquí donde emergen cuatro preguntas que podrían dar alguna pista de quien es el agraviado busca destruir el Olimpo. I.- ¿Quién tiene la suficiente información de ese calibre, con tanto detalle, como para filtrarla a los medios y detonar una bomba de efectos impredecibles? Que se sepa, no solo son Chihuahua, Veracruz y Tamaulipas los estados que presumiblemente operaron bajo este esquema. También Quintana Roo, Nuevo León y el Estado de México lo habrían hecho. II.- Una vez destapada la Caja de Pandora de los dineros públicos a las campañas del PRI, ¿alcanzarían esas investigaciones estatales a la campaña del presidente Enrique Peña Nieto o es un antiipo sobre el destino final de los sobornos de la constructora brasileña Odebrecht? III.- Si los damnificados de esas revelaciones son Videgaray y Meade, por ser los secretarios de Hacienda durante y después de las triangulaciones, además de Beltrones quien era el presidente del PRI, ¿existe algún adversario común a todos que les intente cobrar alguna factura? ¿Será una respuesta de alguien a quien no le gustó el desenlace del candidato presidencial tricolor? IV.- ¿Estamos frente a un embate desde la acera de enfrente de Los Pinos o se admite que es fuego “amigo”,  de alguien que se siente traicionado por las recientes decisiones políticas? Sea cual fuere la respuesta, está claro que los desencuentros hacia el interior del gobierno federal están creciendo y se están saliendo fuera de proporción. Y aquí solo hay una de dos posibilidades. O el presidente Enrique Peña Nieto se decide a enfrentar su hora de la verdad, cuando el reloj le marca el cinco para las 12, sacrificando lo que necesite ser sacrificado, para sofocar lo que se evidencia como una ya no tan silenciosa y creciente rebelión. O quienes desde una posición estatal o federal filtraron con toda intención esos detalles acabarán por asestarle un golpe al régimen que decían servir, porque sus compromisos ya están en otros colores, con otros jefes y patrones.