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La Asamblea y el socavón

Una vez más el gobierno engañó al pueblo al dar a conocer los peritajes del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca. En el esperado dictamen la Secretaría de Comunicaciones y Transportes no fue capaz de incluir el nombre de ningún responsable,
Mientras la clase política nacional se distraía con los candados y los chapulines de la Asamblea Nacional del PRI, en la calle los ciudadanos éramos decepcionados una vez mas por el sistema de silencios cómplices. Adentro del Palacio de los Deportes, unos 10 mil priistas buscaban resanar el socavón en el que están atrapados rumbo al 2018 y que los ubica hoy no como la primera ni la segunda fuerza, sino como la tercera y en picada. Afuera de aquel socavón político, millones de ciudadanos preguntándose, no si se iban a romper los candados para la candidatura presidencial o si sobrevivirían los chapulines de la era jurásica tricolor, sino si alguna vez ese partido en el poder hablaría con la verdad. Porque una vez mas el gobierno engañó al pueblo al dar a conocer los peritajes del socavón del Paso Exprés de Cuernavaca, sin que mediaran de por medio responsables, culpables, indiciados o acusados de tan evidente negligencia criminal. Pasaron casi dos meses para que nos revelaran lo que ya todos o sabíamos o intuíamos, cuando lo que en verdad se esperaba era el señalamiento de quién en o quiénes fueron los responsables de semejante negligencia, alertada a tiempo por vecinos y autoridades de todos los niveles. Como si las negligencias se dieran por generación espontánea y sin consecuencias, la Secretaría de Comunicaciones y Transportes no fue capaz de incluir en su esperado dictamen el nombre de ningún responsable, más allá de señalar que las constructoras, Aldesa y Eppcor, repararán el daño pagándole a una tercera constructora para que lo haga. Lo que el gobierno federal no acaba de entender es que de poco servirá eliminar candados para postular a un ciudadano o acabar con el nefasto chapulineo de diputaciones y senadurias plurinominales, mientras se exhiban con tan cínica evidencia esas perversas complicidades. Es cierto que un gobierno es medido y juzgado por lo que hace, pero igual o incluso más relevante es el juicio de lo que no hace o deja de hacer. Y en el caso del peritaje del socavón del Paso Express de Cuernavaca se hace mas que evidente que existe abierto encubrimiento para proteger los intereses muy particulares, lo que despierta sospechosas colusiones entre altos funcionarios y constructores. Por qué el secretario de Comunicaciones y Transportes, Gerardo Ruiz Esparza, es incapaz de salir a dar la cara para poner sobre la mesa los nombres de las personas en quienes recae la responsabilidad no solo de una obra pobremente construida, sino que le costó la vida a dos mexicanos inocentes? Nada diferente a los silencios cómplices que persiste en el caso de otra constructora, la LO brasileña Odebrecht, y que nos instala como el único país de los doce involucrados en sus actos de corrupción, que todavía hoy no se atreve a revelarle a sus ciudadanos quién recibió los 10.5 millones de dólares en sobornos. Lo que hoy sabemos sobre los señalamientos a Emilio Lozoya Austin vienen de Brasil, no de casa. Por eso los retóricos discursos de que -por fin- el PRI va contra la corrupcion, se topan con la inevitable realidad de que el gobierno y sus funcionarios -priistas casi todos- se esconden en esos silencios cómplices que al final del día protegen a los autores de esos actos criminales. Por eso no son creíbles. Por eso huelen a burla. Por eso, si no corrigen, acabarán pagando muy cara la factura en las urnas en el 2018.