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28 de Septiembre del 2017

El festín de las constructoras

Las constructoras están aprovechando el momento de ser "solicitadas" y de "merecer" licitaciones por su buen trabajo y no por tener negocios por debajo del agua.
Mientras todos los mexicanos aún no salimos del dolor y del pasmo por la enorme tragedia que dejaron los sismos del 9 y del 19 de septiembre… Mientras continuamos preguntándonos en dónde está Frida Sofía y todavía buscamos bajo los escombros a los culpables del colapso del Colegio Rébsamen…. Mientras la clase política aún no cierra su subasta de solidaridad para definir si donan el 20, el 50 o el 100 por ciento de los fondos para las campañas del 2018… Mientras el PRI sorprende reclamando la desaparición de los diputados y senadores plurinominales, federales y locales… Mientras la discusión del presupuesto 2018 se concentrará la próxima semana en el reacomodo de los escasos dineros para salvar la gran emergencia nacional… Mientras todo eso sucede, no vemos quienes están debatiendo quiénes serán los responsables de volver a poner de pié todo aquello que se colapsó y que acabó en escombros. En pocas palabras, cómo se ordenará un proceso que por la urgencia del momento y la magnitud de los daños no da tiempo para licitaciones obligando a asignar directamente lo que con prisa se tiene que volverse a levantar. En un cuestionamiento mas directo, cuáles serán las constructoras que se verán beneficiadas con el festín presupuestal tras la tragedia. La pregunta no es menor, considerando que los grandes escándalos del actual sexenio orbitan en torno a las asignaciones de obras a constructoras favoritas que acabaron atrapadas en casas blancas, circuitos, viaductos y socavones de corrupción. ¿Cuál será la participación de Higa, la constructora de Juan Armando Hinojosa que casi desapareció tras revelarse la cuestionada construcción de la Casa Blanca presidencial? ¿Vendrán desde Brasil los corruptores de Odebrecht a apuntalar la reconstrucción de la ciudad de México, Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas? ¿Se le dará obra urgente a la española Aldesa-Eppcor, con el peligro de que aún sin terremoto, con una simple tormenta lo levantado acabe en socavón? ¿Será sujeta a asignaciones para reparar vías públicas o construcciones dañadas la española OHL, que tiene pendientes las explicaciones de sus cobros y plazos en las obras claves del urbanismo vial mexiquense? ¿Se le asignará mas obra de la que ya tiene con el nuevo aeropuerto de la ciudad de México a la constructora Ideal de Carlos Slim? Ahí estará el verdadero epicentro de los sismos del 2018. En conocer quienes acabarán haciendo negocio con la tragedia. Es cierto que no es ningún pecado intentar ganar obra para aliviar el dolor de quienes lo perdieron todo. Pero, ¿se premiará a los mismos que ya se empañaron las joyas de la corona en Comunicaciones, Pemex, el gobierno mexiquense y el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México? Una pregunta mas: ¿será Gerardo Ruiz Esparza, en su calidad de titular de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes el gran supervisor de la retadora obra de reconstrucción? Quizá lo mejor sería que dada la complejidad y diversidad del reto, el gobierno federal en coordinación los gobiernos estatales y los colegios de ingenieros y arquitectos locales, integraran consejos de expertos y ciudadanos para dirigir y supervisar la reconstrucción. Y darle oportunidad a pequeñas y medianas constructoras que buscan crecer, buscando que las utilidades de esas obras no acaben en los bolsillos de corporaciones españolas o brasileñas, sino mexicanas. Vamos poniendo la lupa en lo que será de verdad trascendente. Porque en un descuido, de los posibles moches de esas obras saldrán los gastos de campaña 2018. Sí, seis a los que ahora, en el papel, se está renunciado.