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Trump, espejo 2018

Los choques de extremistas en Virgina solo son la cosecha de odios que Donald Trump sembró durante su campaña y es que el presidente se transformó de una burla a una amenaza
Peleado con las minorías, que hacen mayoría… Confrontado con los empresarios, que ya le regatean su apoyo y le huyen a su cercanía… Insultante con los medios, a los que ataca desmedidamente porque todo lo que le critican son “fake news”… Ya con desertores poderosos en el partido republicano, que cuestionan la estabilidad emocional y mental de su líder. Hostil con sus vecinos, históricamente aliados, a los que les descalifica sus tratados comerciales y les exige pagar muros de ignomia… Y un liderazgo mundial que no solo no lo respeta, sino que lo repudia y teme a sus temperamentales y estúpidas decisiones instalen al mundo en la antesala del holocausto. Donald Trump se transformó en el gran chiste, pero también en la gran amenaza global. Paso a paso cava su tumba, dando pasos agigantados para que lo echen de la Casa Blanca o propiciando que de motu propio decida irse, porque aquello de ser presidente no era pera el ególatra ni lo divertido ni lo glamoroso que él pensaba. Absurdo, incoherente, irascible, agresivo, desafiante, el controvertido presidente de los Estados Unidos se va quedando solo en el Salón Oval, apenas acompañado por su corifeo extremista Steve Bannon. Sus historias y sus histerias crecen tan exponencialmente como sus críticos y detractores. Y con el pésimo manejo político -y peor mediático- de crisis como la de los supremacistas blancos en Virginia, el abismo está a menos de un paso. La saga de Trump es tan ridícula, que deja muy mal parado a Francis Underwood, el intrigante, desalmado y malvado presidente de los Estados Unidos en la serie House of Cards. El caso de los supremacistas blancos exhibe a Trump de carne y hueso, un extremista que ante la adversidad exhibe sus peores instintos. Dos largos días de silencios que hablan mal, una tardía condena aplastante contra los radicales y un revire en menos de un día, buscando igualar la censura para los dos bandos. Sin hablar con nadie, sin consultar a nadie, propicia con sus insensatez la desbandada de empresarios de corte global y líderes republicanos que apenas alcanzan a decir: “¡What a hell!” (“¡Qué diablos está pasando!”). Y la reacción furibunda contra sus pares empresarios, optando por desaparecer el Consejo Manufacturero y el Grupo de Estrategia y Política. Estados Unidos ya no tolera a Trump y Trump ya no tolera lo que ve de los Estados Unidos. Porque los choques de extremistas en Virgina solo son la cosecha de odios que el ahora presidente sembró durante su campaña. Es la suma de todos los miedos de una sociedad norteamericana que ve con pasmo ,el horror de que su líder les retrocede el reloj del progreso y del bienestar. Ojalá que los mexicanos, sobre todo los poderosos, influyentes y adinerados, vean en el espejo norteamericano lo que puede suceder si insisten en patrocinar una campaña de odios para bloquear a unos o favorecer a otros. Y que en medio de todas las diferencias política y sociales, seamos capaces de agendar una campaña presidencial de ideas y propuestas por encima de los ataques y las descalificaciones. Si somos incapaces de entender el descarnado mensaje que nos muestra los estragos del encono norteamericano, iremos como ellos al precipicio, sin una nueva oportunidad para reescribir una nueva historia en paz y libertad.