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11 de Enero del 2018

El adiós a Osorio

El exsecretario de la Segob, Miguel Ángel Osorio Chong arrancó el sexenio buscando controlarlo todo y acabó el sexenio controlando casi nada
Arrancó el sexenio buscando controlarlo todo y acabó el sexenio controlando casi nada. Ese fue el destino de Miguel Ángel Osorio Chong al frente de una Secretaría de Gobernación que pareció trabajar más para su titular, que para el presidente Enrique Peña Nieto. Cuestión de hacer el recuento para entender que quien hoy sale a buscar refugio y blindaje en el Senado, deja como herencia mas lastres que soluciones. Y tratando de salvarle cara en su muy demorada despedida, su jefe el presidente le agradeció en su discurso la implementación de las reformas estructurales. ¿Cuáles? ¿La energética, en la que hoy naufraga un Pemex postrado, con un Golfo de México hipotecado y la pesada cruz de Odebrecht a cuestas? ¿La judicial, que tiene a México sin procurador y sin fiscal? ¿La de telecomunicaciones, que ya le devolvió a Telmex su derecho de “cobro de piso” sobre sus competidores? ¿O la educativa, que inundó de prebendas a un magisterio rebelde? Como segundo en comando del jefe supremo que fue del Presidente, Osorio Chong tenía la obligación aglutinar al gabinete peñista. Pero sucedió lo contrario. Sus celos por la confianza que Peña Nieto le dispensó a Luis Videgaray lo llevaron a utilizar todos los recursos de su poderosa secretaría para combatir el ala Itamita de Los Pinos. Su mas reclamada tarea, la de crear un nuevo sistema de seguridad nacional, que acabara o al menos redujera el baño de sangre heredado del calderonismo, se frustró. Miles de millones de pesos invertidos en una “nueva” Policía Federal, acabaron entregando peores cuentas que las que dejó el panista Felipe Calderón. Los homicidios y los secuestros registran hoy récords históricos. Y la lucha sexenal contra el crimen organizado acabó por instalar como nuevo cártel dominante a Jalisco Nueva Generación. El ex inquilino de Bucareli también pidió al presidente que le dejara resolver el conflicto con la CNTE. Borró al secretario Emilio Chuayfett y mas tarde se enfrentó al sucesor Aurelio Nuño. No lo sacó adelante, solo silenció a billetazos las marchas magisteriales. Pero la traición mas grande de Osorio Chong a su jefe el Presidente fue la de convertir a la Secretaría de Gobernación en su comité personal de campaña, buscando quedarse con la candidatura presidencial priista. También le falló. Su área de inteligencia, el CISEN, no pudo alertar a Los Pinos de la gran derrota que se avencinaba para el PRI en la elección de junio del 2016. Quizás porque ceder a la oposición Veracruz, Tamaulipas, Quintana Roo, Chihuahua y Durango -descarrilando con ello a Manlio Fabio Beltrones, entonces presidente nacional del PRI- era lo mas conveniente para los intereses futuristas de Osorio Chong. ¿Teorías de conspiración? Solo recuerden que en ese Bucareli hidalguense se engendró el Partido Encuentro Social (PES), que hoy sirve a los intereses no del PRI, sino de su archirrival Morena. Y quizás algunos de los joyeros políticos que pulieron la tan aplastante como aplaudida Operación Zafiro, podrían rastrear algunos de sus hilos de plata hasta Bucareli. El móvil: asegurar para Osorio Chong el control futuro de la bancada priista en el Senado. Por eso no se entiende ese magnánimo gesto de otorgarle el privilegio de anunciar su renuncia, antes de que lo hiciera el Presidente. Al final del día, lo que quizás jamás entendió el muy informado Secretario de Gobernación es que sus adversarios no radicaban en la Ciudad de México, sino en Washington, donde su futuro político fue proscrito algunos años atrás.