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01 de Enero del 2018

2018: manéjese con pinzas

Los mexicanos amanecemos en este 2018 con un coctel que si no se maneja con cuidado podría convertirse en el combustible de una acelerada descomposición
Los mexicanos amanecemos en el 2018 con tres potenciales tormentas: la política, la económica y la financiera. Es un coctel que si no se maneja con cuidado podría convertirse en el combustible de una acelerada  descomposición, que derivaría en una no deseada desestabilización. La combinación de la elección presidencial, la supervivencia o no del TLC y la posibilidad de un endeudamiento acelerado al final del sexenio, ubican el 2018 como un año de máxima alerta. LO POLÍTICO.- Aunque a simple vista se vea como una tercera versión del 2006 y del 2012, sobre todo por el factor López Obrador de nuevo en la boleta, el 2018 se está cocinando con distintos ingredientes. El PRI ya no es todo el PRI. El único priista en la boleta es Jaime El Bronco” Rodríguez, pero lo traen vestido de “independiente”. Les podría repetir su formula de Nuevo León: le roba los operadores del PRI y si remotamente gana, traicionará. El éxito de la candidatura del no priista José Antonio Meade está fincada hoy en sus alianzas extra partido. Las traiciones internas no cesan. Y sin siete estados que el PRI ya no tiene, el dinero de la campaña no se dará en macetas, como antes. El PAN tampoco es todo el PAN y ahora se arropa con el PRD y con Movimiento Ciudadano. Por eso tampoco el PRD es todo el PRD. Algunos de sus liderazgos y tribus clave acabarán sin duda migrando a las filas de Morena. Los calderonistas, con o sin Margarita Zavala como candidata independiente, buscarán alianzas. Y todo indica que su única opción será sumarse a Meade. El PRD va con Alejandra Barrales a salvar lo que puedan de la CDMX y Movimiento Ciudadano a defender con Enrique Alfaro su casi amarrada gubernatura en Jalisco. Al que será difícil desbancar como puntero, a menos que él mismo se boicotee, es a López Obrador. El desencanto del PRIAN, en los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto, sopla como viento a su favor. Y los casos de desvíos de fondos a campañas del PRI, sumado al desenlace corrupto de Odebrecht, OHL y Aldesa, podrían ser la puntilla de la gran derrota sistémica. EL TRATADO.- Por si la complicada elección presidencial fuera poca cosa, tendrá como aderezo -entre marzo y mayo- el fin de las negociaciones del TLC. Y el pronóstico del desenlace es gris, tirándole a negro. Cualquier mal guiño al tweetero iracundo de Trump y se aniquilarán décadas de negociaciones para construir el más sólido bloque comercial global entre Estados Unidos, Canadá y México. Una confrontación nada imposible que diera al traste con el TLC sería el espontáneo combustible para encender el fervor nacionalista, que operaría para la causa de López Obrador. LAS FINANZAS.- En parte por un manejo mas laxo de la deuda pública, otra por los inestables precios del petróleo y sin duda por las crecientes tasas de interés y los incentivos fiscales de Estados Unidos, pero la chequera nacional sufre. Y eso, en año electoral, es muy mal síntoma. Apretar el Gasto Público con recortes de obras, programas o burocracia, son votos en contra para el partido en el poder y en favor de quienes luchan por reagendar los privilegios de las élites. Y si no se puede contener la volatilidad cambiaria, sea por un TLC mal negociado o por la incertidumbre del relevo presidencial, el golpe sobre el precio de los combustibles que importamos y el costo del pago de la deuda, serán detonadores de una nueva intranquilidad social. Por eso decimos que el 2018 tendrá que ser manejado con pinzas. No vayamos volver a los errores de 1976, 1982, 1987 o 1994. Aquellos de las crisis que todavía hoy nos dicen, no se volverán a repetir.